Diferencia con las Psicologías

“El fracaso de las psicoterapias (Psicología) es debido a que adolecen de una práctica diaria. Las famosas recaídas (volver a la terapia habiendo sido dado de alta con anterioridad) evidencian ese fracaso. El ejercicio diario en meditación formal, meditación mindfulness o de tener clara una filosofía de vida, hace que los beneficios conseguidos en el consultorio sean permanentes. Cambiar los patrones mentales disfuncionales por otros más adaptativos no es efectivo sin una práctica continuada e integrada en la vida del paciente que los sustente hasta su  total y completa consolidación”.

Agustí Guisasola

– La Consulta Filosófica a diferencia de las terapias psicológicas, no es un medio para conseguir un fin, no tiene un carácter utilitarista o instrumentalista sino que es un fin en sí misma, puesto que la comprensión profunda transforma y libera al ser humano del sufrimiento inútil en ese mismo momento.

– En el Asesoramiento Filosófico se enseña a pensar y a reenfocar los problemas, pues las emociones se generan por pensamientos, sean estos acertados o erráticos.

– La Praxis Filosófica no es una práctica clínica. No trabaja con modelos médicos y los problemas no son vistos como “trastornos” o “enfermedades” que deban ser “curados/as”. Las pastillas no ayudan a pensar eficazmente ni a ser feliz. Ningún fármaco hace que la persona se encuentre a sí misma, que logre sus metas o que actúe como es debido.

“Aproximadamente una tercera parte de las personas que trato no sufren por una neurosis clínicamente definible, sino a causa de la falta de sentido y de propósito de sus vidas”

Carl G. Jung

– Se ocupa de la visión de la vida que tiene el interlocutor y de favorecer, a través del diálogo reflexivo -y no del parloteo automático- el surgimiento de intuiciones filosóficas sobre las cuestiones existenciales de la vida.

– No se hace arqueología del pasado del consultante y mucho menos de su infancia, sino que se trabaja desde las ideas y emociones actuales.


– El filósofo práctico no se erige en figura de autoridad (como el médico, donde el paciente es un mero sujeto pasivo que va a aceptar, sin opción, lo que se le diagnostique y recete) sino en alguien con la capacidad y la preparación para confrontar las ideas del consultante, donde éste es siempre quien debe ver y decidir si cambiar o no su filosofía personal a fin de generar cambios a mejor, más profundos y duraderos.


– Motiva al consultante a pensar por su cuenta, lo que implica buscar -únicamente dentro de sí mismo a través de la razón- el criterio de verdad y sus efectos. El filósofo práctico instiga al interlocutor a clarificar y a conocer desde una honestidad radical. Esto muchas veces implica romper con sus concepciones sobre sí mismo y sobre el mundo que había adoptado de forma natural, sin darse cuenta, por la influencia familiar y cultural en su proceso de desarrollo humano (niño-adolescente-adulto).


– No hay una especie de “alta médica”, el consultante es quien decide cuándo volver, y normalmente deja de venir cuando la inquietud o sufrimiento se han resuelto. 


– El filósofo práctico cuestiona los objetivos y los razonamientos del consultante y lo induce al compromiso con la verdad antes que con la felicidad derivada del autoengaño, debiendo asumir las grandes cuestiones de la vida (fracaso, desamor, enfermedad, muerte…).

 

“Con la verdad no se negocia”

Papa Benedicto XVI

 

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